Vicente Saavedra, es pionero en España en el abordaje Biológico y Natural del TDAH. Autor del libro " Tratamiento Natural del TDAH con Medicina Natural y Biológica" , Mandala Ediciones. 

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH o TDA respectivamente), supone un problema serio y emergente en la sociedad actual.  En el auge de estos trastornos inciden diversos factores de distinta índole como factores sociales, medioambientales y alimentarios.

Los estudios de prevalencia de este trastorno varían bastante según las distintas fuentes, siendo este un tema bastante controvertido. En España los datos más conservadores oscilan entre el 4.7% y el 8% de los niños en edad escolar; en otros países europeos como Alemania se estima una prevalencia del 5-6%, y en USA los datos rondan nada menos que el 10%.

Lo peor es que estos valores van aumentando cada año, estableciéndose un aumento de su incidencia en un

30-70%  en la última década. Además, algunas fuentes afirman que por un lado el 25% de los diagnósticos de TDAH son erróneos y que por otra parte un 75% de los niños con TDAH permanecen sin diagnosticar.

En la última década se ha experimentado aumento de la incidencia de un 30%-70%

Aunque este baile de cifras es un tanto encontrado, lo que está claro es que el problema posee una gran magnitud y que tiene una marcada tendencia al incremento.

 

Para los niños que sufren este síndrome, el primer problema lo suelen encontrar en la propia familia, porque debido a la falta de información y conocimiento por parte de los padres acerca de dicho trastorno de la salud, estos no comprenden lo que le ocurre al niño y tienden a pensar que es un problema de comportamiento, carácter o voluntad, es decir, llegan a pensar que el niño es así. Desde el desconocimiento se emiten, en consecuencia, juicios donde se valora al niño con adjetivos referidos a su carácter o personalidad, tales como este niño es malo, flojo, lento, poco inteligente, es que no vale para estudiar, es un inútil, malcriado, inquieto, travieso, etc. Y esto es como si a un niño que tiene un cólico y llora se lo calificara de llorón en lugar de pensar que tiene un dolor de tripa que motiva el llanto.  Lo primero que hay que decir, es que estos problemas tienen un origen fisiológico, de la misma manera que el niño que llora por un cólico lo hace por una razón física, el niño con TDAH no se concentra o es incapaz de controlar su hiperdinamia porque sufre una alteración fisiológica que lo limita o impide.

 

El segundo problema se lo encuentran en la escuela, donde los profesores observan una conducta molesta y desadaptada que genera quejas del tipo:  su hijo interrumpe la clase, no espera su turno, molesta

a otros compañeros, está todo el día en las nubes, no hace o completa sus deberes, etc. En este punto, algunos profesores instan o sugieren a los padres que el niño precisaría medicación, ya que molesta o altera el

orden de su clase. En este punto algunos padres acceden a medicar al niño, otros buscan soluciones alternativas (psicopedagogo, refuerzo escolar, psicólogos…), esto claro está, en el supuesto de que se supere la etapa de los prejuicios o calificaciones personales que consideran que el niño es así sin más, y se llegue a hacer, al menos, el diagnóstico. En este último caso, si los padres no llegan a entender que su hijo sufre un trastorno que precisa

ayuda, normalmente no toman medidas salvo aumentar la presión sobre el niño.

El niño a partir de los diez años, que es la edad en la que  ya tienen una consciencia clara de sus dificultades, empieza a comprender que sus limitaciones le suponen continuos problemas. Muchos de ellos se esfuerzan e intentan corregir su conducta, solucionar los problemas de atención y estudiar, rendir y obtener la aprobación de sus padres y profesores, pero no consiguen más que continuos y reiterados fracasos. Todo esto les genera una alta frustración y baja autoestima, los críos empiezan a desarrollar una imagen de si mismos de incapaces o de tontos y limitados. Sus resultados y el feedback que recogen de su entorno les refuerzan dicha idea. 

Aquellos niños que además de déficit de atención pueden sufrir oposicionismo o impulsividad, etc., y con los que la convivencia resulta complicada, sufren todavía mayores agresiones contra su autoestima, ya que suelen ser castigados de forma frecuente por cosas que han hecho sin mala intención, y como consecuencia inevitable para ellos por su trastorno.

De la misma forma su merma en la capacidad de atención les supone un gran hándicap para rendir escolarmente, por más que se puedan esforzar o poner voluntad, muchas veces, simple y llanamente no pueden llegar. El niño con

TDAH puede tener una inteligencia normal, puede ser brillante o incluso genial, pero el déficit de atención les impide el desarrollo de todo su potencial, (aunque en caso de niños brillantes o geniales, el sistema educativo rutinario y mecánico ya les suele producir tal aburrimiento que suspenden o sacan notas muy ajustadas normalmente). Lo que ocurre es que no pueden desarrollar su potencial porque están limitados. Esto es como si a un chico de complexión atlética se le tuerce un tobillo y esperáramos de él que con el tobillo dañado corriera los cien metros lisos en un tiempo record.

Lo peor no es esto, lo peor para estas personitas está por venir, porque

si no son rescatados mediante el entendimiento y reconocimiento de

çsu problema, además del  apoyo en la familia y en la escuela, así como

por parte de terapias adecuadas para corregir dichas deficiencias,

llegará a la edad adulta habiendo perdido muchas, si no todas, las

oportunidades (especialmente laborales), habrán crecido sintiéndose

torpes, tontos, incapaces y limitados, sintiendo que no tienen nada

importante que dar de si mismos o que aportar. Observaciones como

“este niño nos salió flojo y no vale para estudiar”,  son sentencias o

lastres que pesarán mucho en el desarrollo y aspiraciones de estas

personas. 

Todo este drama se puede y debe evitar facilitando información adecuada que aporte claridad y soluciones al problema. Y este es uno de los objetivos prioritarios del libro que he publicado, por eso está escrito en términos divulgativos, para que pueda llegar prioritariamente a todos aquellos padres interesados en saber lo que les ocurre a sus hijos, y quieren y se preocupan por ayudarlos de una forma natural.

 

Ahora bien, hablamos de un trastorno por déficit de atención y o hiperactividad, pero ¿qué es esto exactamente? La visión formal o clásica del problema, es básicamente una impresión sintomatológica en donde se clasifica al niño dentro de unos porcentajes de incidencia según predomine o existan unos síntomas u otros.  Según los estudios realizados sobre el conjunto de niños a los que se le llega a detectar el problema, existe un 30% de niños que cursan solo con déficit de atención (TDA), un 60% de niños que cursan con déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y solamente un 10% de niños que cursan con hiperactividad o hiperquinesia (TH). Este hecho nos indica claramente que tiene que haber diferencias etiológicas (causas diversas) que originen dichas variaciones en la manifestación sintomática de este conjunto de desórdenes, que podemos considerar dentro de un síndrome. Sin embargo, el tratamiento farmacológico de este tipo de trastornos se centra fundamentalmente en dos variables, ambas referidas a alteraciones de dos neurotransmisores, en concreto déficit de dopamina y o noradrenalina.

Múltiples causas pueden dar lugar al desarrollo del TDAH

Desde la perspectiva de la medicina natural, se evalúan al menos veinte diferentes causas que originan las distintas variables de este complejo conjunto de trastornos (TDA, TDAH, TH) que deben ser valorados como un síndrome. Esta visión de síndrome es justificada debido a que dichos trastornos tienen un origen multisistémico y multietiológico, es decir, que pueden verse afectados distintos sistemas orgánicos y pueden haber diversas y diferentes causas que lo originen. En función de la combinación de estas diversas  variables para un niño determinado, se puede originar una sintomatología u otra, tanto física como psicológica, además de manifestarse con matices peculiares y específicos a parte de otros síntomas paralelos (agresividad, fatiga, posicionamiento, cansancio, depresión, diarreas, mucosidades y flemas, infecciones frecuentes, alergias, migrañas….) que definen y orientan hacia la determinación precisa del origen del problema. Por ejemplo un niño con TDA que además presenta cólicos abdominales frecuentes y diarrea, versus otro niño con TDA que presenta palidez, ojeras y piel atópica. Para cada uno de estos niños el origen de su TDA tendrá una causa diferente, para el primero puede haber una intoxicación por metales pesados o una disbiosis intestinal, mientras que para el segundo posiblemente exista un fondo alérgico y de intolerancia a alimentos u otras sustancias.

 

En mi libro me he propuesto un objetivo básico, que es el de hacer un recorrido por las principales causas que contemplamos desde la perspectiva de la medicina biológica o natural del TDAH, exponiendo así una alternativa válida, científica y efectiva para el tratamiento de este síndrome, ayudando de este modo a muchos padres a comprender lo que les ocurre a sus hijos, y con esto, brindarles la oportunidad a los niños y sus familias para que consigan una vida más plena y un futuro más prometedor y con más posibilidades

Vicente Saavedra
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