¿EL AUTISMO TIENE CURA, O ES UNA "CONDICIÓN" IRREVERSIBLE?

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Existe una gran controversia alrededor de esta pregunta. En principio, cuando los padres reciben el diagnóstico de TEA se les dice que es un trastorno o condición que no tiene posible solución. El diagnóstico y la posición oficial a este respecto son tajantes.

Frente a este planteamiento, algunos padres inician el camino de búsqueda de otras opciones que ofrezcan un camino de esperanza para sus hijos, y se encuentran protocolos y alternativas que ofrecen

la posibilidad de mejorar en algo  el grado de afectación del TEA, o incluso algunos métodos que afirman rotundamente que el autismo tiene cura.

Por otro lado se encuentran sectores críticamente feroces contra cualquier tipo de opción biomédica que diga curar o aliviar el autismo y  que por lo general defienden a ultranza la idea de que el autismo es una "condición" irreversible. En consecuencia, los padres que quieren hacer lo mejor y más correcto para la salud y el futuro de sus hijos se preguntan: ¿cual es la realidad de todo esto? ¿Qué camino seguir?

 

Realmente, y antes de contestar a esta pregunta tendríamos que hacer un pequeño análisis de los preceptos que desde la oficialidad se han establecido y contrastar este punto de vista con la evidencia existente hasta ahora. Igualmente debemos conocer las hipótesis fundamentales acerca del origen o causa del autismo.   

Tabla de contenidos:

 

Veamos, en primer lugar el diagnóstico de TEA (Trastorno del Espectro Autista) se realiza a través de una valoración de las disfunciones que el niño presenta en su comportamiento, no existiendo marcadores biológicos específicos para determinar esta condición, es por ello que tienen la consideración de "trastorno", término que hace referencia a un conjunto de síntomas y conductas que no tienen una base biológica identificable.

Paralelamente el TEA es considerado como una entidad de carácter neurobiológico que afecta de forma directa al neurodesarrollo, que ya se manifiesta dentro de los tres primeros años de vida y que afecta al individuo de por vida, no tiene un tratamiento farmacológico específico y a fecha de hoy se considera que no tiene cura.

Finalmente el TEA es considerado un trastorno multietiológico, donde se supone la intervención de distintos factores, principalmente se habla de predeterminantes genéticos y de factores medioambientales, por tanto hablamos de factores epigenéticos (es decir, de los genes en interacción con los factores medioambientales)

VISIÓN ACTUAL DEL AUTISMO

El TEA se diagnóstica exclusivamente a través de las alteraciones de la conducta, se estima que es un trastorno neurobiológico que no tiene cura ni tratamiento farmacológico específico, cuyo carácter se considera multietiológico (es decir, que causas múltiples pueden producirlo) y del que, a su vez, su etiología (causa y origen) no se conocen. 

Digamos que esta es la instantánea de la consideración actual que oficialmente se tiene acerca del autismo. 

 

Por otra parte,hoy por hoy, el autismo tiene un carácter epidémico, (y este término no debe confundirse o asociarse exclusivamente a enfermedades infecciosas). 

El autismo fue descrito por primera vez por el médico, de origen austriaco, Leo Kanner [1894-1981], en el año 1943. En ese entonces su prevalencia se cifró en 1 caso por cada 10.000 niños. A partir de este punto, el diagnóstico del autismo fue haciéndose más extensivo hasta que en 1980 fue incluido en el DMS- III. Desde entonces se han reevaluado los criterios de diagnóstico, y se han ido desarrollando herramientas y organismos capaces de hacer un mejor diagnóstico y registro de la incidencia, no solo del autismo, sino de otras muchas enfermedades. El país referente en este aspecto es Estados Unidos, con la creación de los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) en 1946, quienes sistemáticamente vienen haciendo registros y estudios exhaustivos sobre la prevalencia de las distintas enfermedades en el país. 

Hasta cierto punto el aumento de casos de TEA se puede explicar durante las décadas iniciales (los años 50, 60, 70, 80 e incluso los 90) por la progresiva mejora en la capacidad diagnóstica, pero es que en las dos últimas décadas, existiendo ya herramientas y medios de diagnóstico suficientemente instrumentalizados e instaurados,  se observa que el incremento ha sido tan desorbitado, y el número de niños afectados y diagnosticados es tan alto, que ya no puede explicarse este incremento por una mejor capacidad diagnóstica tal como argumentan algunos sectores, sino que debemos empezar a hablar de un alarmante aumento de los casos y que cobra una magnitud de epidemia, tal como demuestran los datos que facilitaremos más adelante. 

EVOLUCIÓN DIAGNÓSTICA
 
EPIDEMIOLOGÍA DEL AUTISMO

De hecho, esta tendencia al aumento progresivo del TEA,

como abanderado de mayor gravedad en los trastornos

del neurodesarrollo infantil, es coincidente en toda la

población infantil mundial. Y como apunte paralelo diré

que este aumento es también extensivo a las

enfermedades neurodegenerativas de la población adulta

(Alzheimer, Parkinson, etc.), al cáncer, a las enfermedades

autoinmunitarias, y en general a todas las enfermedades

crónico degenerativas conocidas.

Por tanto, querer seguir tapando este incremento tan grotesco con la argumentación de que "se diagnóstica más" es absolutamente cuestionable. Otro dato que evidencia la incorrección de esta apreciación, es que cada vez son requeridos más centros especializados en educación o atención para niños con problemas del neurodesarrollo, la situación actual es de desborde de los centros existentes, a parte que debemos tener en cuenta que la tasa de crecimiento de la población de los países del primer mundo es prácticamente cero, es decir, sabemos que cada vez la población es más anciana porque hay menos niños, consecuentemente, los índices de crecimiento de centros especializados no obedecen en absoluto a un aumento de la población, sino a un aumento de la necesidad.

Ahora vamos a dar algunos números sencillos de entender:

Según los datos de los CDC americanos, en la década de los 70 la prevalencia del TEA se estimaba en un caso por cada cinco mil habitantes (1/5000), a mediados de los 80 en 1/2500, a mediados de los 90 en 1/200, a principios de los 2000 teníamos 1/166 y en base a la último estudio realizado en abril de 2018 encontramos  1/59, (es decir, que de cada 59 niños uno es autista) creo que los números hablan por sí solos. ​

En poco menos de dos décadas ha habido un incremento próximo al 300%

En España no existen medios suficientemente fiables para determinar la prevalencia, y en general en Europa cuesta mucho encontrar datos fiables y rigurosos sobre esta cuestión, y prácticamente todo el mundo va orientándose en este terreno sobre los resultados obtenidos por los americanos. 

Con respecto a este último resultado ofrecido por los CDC, fue realizado sobre una población de 300.000 niños de 8 años, por lo que partiendo de la base que el autismo se puede diagnosticar desde los 2-3 años, debemos considerar que dada la tendencia a realizar diagnósticos tardíos, la prevalencia (hipotéticamente) podría ser aún mayor, lo cual nos acercaría a prácticamente una afectación del 2% de la población infantil dentro de la franja comprendida entre los 2 y 8 años de edad.

Resumiendo diremos que:  desde una perspectiva oficial tenemos que el autismo es considerado un trastorno de carácter neurobiológico, de base etiológica multifactorial (epigenética) y desconocida, que se diagnóstica en base a las alteraciones conductuales observadas por no conocerse un marcador biológico que lo determine, y según los datos de seguimiento disponibles, está creciendo en una progresión alarmante.

 
CAUSAS DEL AUTISMO

Existe un amplio sector de profesionales de distintos sectores relacionados con la problemática del autismo, así como muchos padres, que lo consideran como una "condición", entendiendo este término como una idiosincrasia, como una forma de ser y no un estado patológico. Sin embargo se está haciendo un uso aberrado del término médico "condición", ya que el mismo implica una relación con un proceso patológico. Y por otro lado, se opone de forma diametral a los preceptos que la comunidad científica ha aceptado en la actualidad acerca de la naturaleza del autismo (el autismo es una afectación neurobiológica de origen multifactorial). 

Por otra parte, hemos de saber que el autismo que predomina en la actualidad es el llamado "autismo regresivo" en el que el niño presenta un desarrollo completamente normotípico, y a partir de una cierta edad (en general sobre los 15-18 meses) inicia un proceso regresivo en el que pierde de forma súbita o progresiva todas las habilidades neurocognitivas, y en ocasiones también psicomotoras, desarrolladas hasta entonces. Muchos padres muestran esta evidencia en videos del comportamiento y estado del niño antes y después de este evento regresivo. En ocasiones es referido este retroceso como brusco y en el margen de unos días el niño experimenta esta regresión, en otras ocasiones este proceso se desarrolla lentamente en el curso de varios meses, por lo que los padres lo detectan con mayor dificultad (y más si son padres primerizos). 

¿Alguien puede imaginarse esta situación en un adulto? Un adulto

que ha desarrollado una serie de habilidades cognitiva, sociales, etc.

a lo largo de su vida, y de pronto, y por una causa misteriosa pierde

todo conocimiento y habilidades desarrolladas y adquiridas hasta

entonces. ¿Alguien diría de esa persona que no está enfermo sino

que esa es su condición? Obviamente y desde el sentido común

nadie podría decir algo así. Esta hipótesis de que el autismo es

una condición tampoco está soportada sobre la menor base médica,

biológica, bioquímica o científica en cualquiera de sus órdenes.

De otro lado, a juzgar por la progresión galopante que presenta el TEA, es lógico pensar que posiblemente en combinación con predisposiciones genéticas o no, existen factores medioambientales que han impactado en los inmaduros y vulnerables sistemas que forman el eje del desarrollo de los niños: 

produciendo o colaborando en el desarrollo de dicho trastorno. Razón está última por la que en lugar de centrarnos en discusiones estériles e inútiles que tiendan a perpetuar el estado de los niños afectados por una parte, y por otra, a permitir que las causas subyacentes continúen actuando desde un plano oculto (sin control de ningún tipo), debemos centrarnos en encontrar las respuestas y soluciones.

 

En las familias con un hijo con autismo, el riesgo de recurrencia es de entre el 10% y hasta de un 33% según el número de hijos que se tenga, comparado con un riesgo de 0.5% en la población general. Este dato corrobora la incidencia genética en el desarrollo del TEA.

Actualmente y desde distintas líneas de investigación se empiezan a encontrar 

relaciones genéticas existentes con el autismo. Se han identificado mutaciones y

polimorfismos genéticos relacionados con el autismo y que nos dan algunas

respuestas acerca de su origen, pero no todas. Una de las claves está en el

concepto de EPIGENÉTICA, que explica cómo nuestros genes se expresan, o no,

en función de su interacción con el medio ambiente. Un medio ambiente actual

sobrecargado de tóxicos y bajo cuya influencia se gestan los niños ya desde el

propiovientre materno, dado que una ingente cantidad de tóxicos medioambientales

se acumulan en nuestros organismos, y pueden atravesar la placenta,

acumulándose también en el feto. Una ingente cantidad de estos compuestos

tóxicos tienen la capacidad dealterar el desarrollo correcto de los niños, ya que afectan directamente al sistema inmune, al sistema endocrino y a la correcta comunicación entre las neuronas. 

Esta cita textual del Dr. Nicolás Olea, catedrático de la Universidad de Granada, y uno de los máximos expertos en toxicología medioambiental en nuestro país, sintetiza esta situación:

“La mayor fuente de exposición a tóxicos para los niños son las madres, por lo que hay que tener muy en cuenta con qué están en contacto las mujeres mucho antes de quedarse embarazadas. Hace 17 años que trabajamos con 3.600 madres de toda España y todo lo que se ha vertido en el medio ambiente está en sus placentas: DDT, DDE, metoxicloro, endosulfán, PCBs. Son compuestos químicos persistentes que han pasado a nuestros niños. El hígado no sabe cómo degradarlos y se acumulan en el tejido graso. Tu organismo actúa como una esponja y vas acumulando. Cuánto más viejo, más compuestos tienes. Y no sabes cómo quitártelos de encima!”

Como ya sabemos, no hay un marcador que identifique al autismo como tal, pero esto es del todo coherente con el hecho de que el autismo es una patología de origen multifactorial, no existe una sola causa, sino que son muchos factores los que participan en su desarrollo sobre la base genética y el contexto medioambiental del niño. También hay que tener en cuenta que desde la perspectiva mecanicista y reduccionista de la salud, no se comprende al organismo como una unidad funcional, y se ignoran o soslayan las evidentes relaciones que existen entre todos los sistemas, y obviamente desde esta perspectiva es imposible dar respuestas a situaciones complejas como los trastornos del neurodesarrollo, para los que es necesario comprender el conjunto orgánico como una unidad, y las interrelaciones que se dan entre las partes que lo componen. 

Hoy sabemos perfectamente que lo que ocurre en un órgano puede tener una repercusión en el resto del organismo, como ejemplo podemos citar el eje Cerebro - Intestino - Microbiota, del que cada vez hay más y más documentación y evidencia científica, de forma que lo que ocurre en el intestino y sus bacterias puede afectar en mayor o menor medida al comportamiento. De hecho este es uno de los ejes más afectados e incidentes en el autismo.

También hay que tener en cuenta que el impacto en un sistema orgánico concreto puede crear una cascada de acontecimientos, un efecto dominó, que genera círculos viciosos patológicos.

Como ya sabemos, no hay un marcador que identifique al autismo como tal, pero esto es del todo coherente con el hecho de que el autismo es una patología de origen multifactorial, no existe una sola causa, sino que son muchos factores los que participan en su desarrollo sobre la base genética y el contexto medioambiental del niño. También hay que tener en cuenta que desde la perspectiva mecanicista y reduccionista de la salud, no se comprende al organismo como una unidad funcional, y se ignoran o soslayan las evidentes relaciones que existen entre todos los sistemas, y obviamente desde esta perspectiva es imposible dar respuestas a situaciones complejas como los trastornos del neurodesarrollo, para los que es necesario comprender el conjunto orgánico como una unidad, y las interrelaciones que se dan entre las partes que lo componen. 

Hoy sabemos perfectamente que lo que ocurre en un órgano puede tener una repercusión en el resto del organismo, como ejemplo podemos citar el eje Cerebro - Intestino - Microbiota, del que cada vez hay más y más documentación y evidencia científica, de forma que lo que ocurre en el intestino y sus bacterias puede afectar en mayor o menor medida al comportamiento. De hecho este es uno de los ejes más afectados e incidentes en el autismo.

También hay que tener en cuenta que el impacto en un sistema orgánico concreto puede crear una cascada de acontecimientos, un efecto dominó, que genera círculos viciosos patológicos.                                                                                                                                                                                                             

Como ya he dicho, son muchos los elementos que se han identificado como causas o que convergen sobre el desarrollo del TEA, a continuación, y de forma muy genérica, se presentan algunas de las causas de fondo que habitualmente pueden encontrarse en los niños con TEA: 

Como podemos ver, ni son pocas, ni son precisamente problemas menores. Ser capaces de identificar estas causas, y entenderlas dentro de una estructura contextual orgánica, es el primer gran paso hacia la mejoría o resolución de los problemas del neurodesarrollo, el otro 50% de la solución consistirá en desarrollar una terapéutica eficiente y ordenada capaz de abordar dichos problemas. 

 

TRATAMIENTO BIOLÓGICO DEL AUTISMO

 

En la actualidad existen varias propuestas para abordar los trastornos del desarrollo desde su base de origen, es decir, su base biológica. También y paralelamente existen numerosos laboratorios que se han especializado en pruebas orientadas hacia estas problemáticas, y cada vez más investigación en las que se va demostrando que en el autismo se encuentran una serie de alteraciones más o menos comunes o recurrentes, y que van desde alteraciones en el terreno digestivo,          alteraciones microbiológicas (virus, parásitos, bacterias), disfunciones neurológicas, disfunciones en el metabolismo celular, etc.                                       

Es muy importante que estudiemos estas causas si  queremos, no solo ayudar a los niños afectados, sino más importante si cabe, poder contribuir a identificar y detener las causas internas y medioambientales que están            generando esta epidemia, valorando factores de riesgo y desarrollando una prevención prenatal y postnatal. Es          coherente pensar que si el autismo está creciendo de forma exponencial, los factores que lo están produciendo    deben estar creciendo en idéntica proporción. Consecuentemente no podemos cruzarnos de brazos diciendo que el autismo es una condición, sino que tenemos que ponernos manos a la obra y buscar sus verdaderas causas y sus correspondientes soluciones. 

A lo largo de las últimas décadas se han ido desarrollando protocolos con distintas propuestas, algunos de ellos sobre una base científica como el protocolo DAN (Defeat Autism Now, que traducido al español significa Derrotar al Autismo Ahora) que fue la primera propuesta biomédica que inició este camino, y con posterioridad, han ido apareciendo otras propuestas como el protocolo de Yasko, muy fundamentado este último sobre el estudio de ciertos polimorfismos genéticos. También cabe citar, por su popularidad, el protocolo con el MMS que se  sobre la existencia de parásitos intestinales como causa del autismo, y el uso (excesivo desde mi punto de vista) del MMS como agente terapéutico, aunque este protocolo carece de  fundamento o apoyo científico alguno. Igualmente se proponen muchas técnicas que de forma específica y aislada pretenden actuar positivamente sobre este tipo de trastornos, tal como la cámara hiperbárica, o el trasplante de heces por citar algunas. 

A fecha de hoy no se puede hablar en términos categóricos y absolutos de que el autismo tiene cura, de hecho los que lo afirman con esta rotundidad no son coherentes con la verdad y no demuestran esta afirmación con hechos,

pero lo que sí puede afirmarse, y es rigurosamente cierto, es que con los distintos protocolos existentes sí que hay un número importante de niños con autismo que se han recuperado al 100%, y un porcentaje aún mayor que experimentan avances y mejorías sobre su condición inicial de partida.

Mejorías importantes en la comprensión del entorno, el desarrollo del lenguaje, en la hiperactividad y falta de atención, en su psicomotricidad, en la sociabilidad y en general estas mejorías pueden extenderse o darse en todas o cualquiera de las áreas que pueden estar comprometidas en el TEA, mejorando la calidad de vida de los niños y sus familias, así como dotando a los niños de un mayor porcentaje de posibilidades de desarrollo y adaptación en este complejo entramado social en que vivimos, de cara a su futuro e integración en la sociedad, pues no olvidemos que en definitiva este último es el objetivo más importante.

En este sentido, yo particularmente, nunca he aplicado estos protocolos en el abordaje del TEA, a pesar de que los conozco y los he estudiado todos, pues cuando yo inicié la atención de niños con problemas del neurodesarrollo, ya había desarrollado una metodología propia, basada en el estudio y experiencia sobre trastornos de la salud altamente complejos y directamente entroncados con las alteraciones que encontramos en los TEA. En el transcurso de las dos últimas décadas, he ido desarrollando esta metodología de forma cada vez más específica, recogiendo un alto porcentaje de resultados positivos, aportando así mi grano de arena en en esta importante lucha contra la progresión del autismo. 

En el apartado                               podrán leer más detalles sobre mi metodología, así como las diferencias fundamentales con respecto a los protocolos más estandarizados y seguidos en el tratamiento del Autismo.

En conclusión, existe la arraigada y falsa creencia de que el autismo necesariamente

es irreversible. La buena noticia es que actualmente hay una cantidad importante

de investigación científica y una variedad de alternativas que son realmente útiles en

la lucha contra el autismo. Así que los padres que no se resignan a quedarse en el

pozo oscuro y profundo del NO HAY SALIDA, pueden seguir distintos caminos y

opciones terapéuticas. Finalmente y en base a la información divulgada y existente,

 cada quien debe elegir y hacer su propio camino. A este respecto contaré una

anécdota recienteen la que una madre que por cuestiones de lista de espera,

cuando llegó a mi consulta había iniciado recientemente un protocolo, y me

preguntaba que si podía seguir los dos tratamiento o en cualquier caso

¿qué camino seguir?, a lo que yo lecontesté que tenía que elegir uno u otro, y

respecto a qué camino seguir, y seguramente la respuesta que esperaba oír de mí es que siguiera conmigo, pero lo que yo le dije fue literalmente: "el que sientas en tu corazón", no creo en absoluto en el proselitismo, por más convencido que yo esté de que lo que hago es lo mejor, creo firmemente en que cada quien debe tomar sus propias decisiones, y ella libremente y desde el propio convencimiento decidió continuar conmigo, el resultado es que Julen está hoy con un ATEC que da un índice fuera de autismo, ha empezado a hablar, está conectado con su entorno, socializa, es un niño feliz, y toda su familia también. 

Obviamente este no es un camino fácil, es un camino de lucha, que requiere esfuerzo y compromiso, y aunque nadie honestamente puede decir que está garantizada la cura, sí hay muy altas probabilidades de obtener grandes mejoras, y existe la gran posibilidad de la recuperación total o de un gran avance y grado de recuperación. Y esto, si no se intenta nunca se sabrá hasta donde se hubiera podido llegar. 

Vicente Saavedra
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Disclaimer: El editor, autor y/o peritos citados específicamente en esta publicación no son responsables de ninguna consecuencia, directa o indirecta, resultante de las acciones del lector o del espectador. Esta información no está diseñada para sustituir la consulta o atención médica. Usted, el lector o espectador, es instruido para consultar con su proveedor de atención médica personal antes de actuar en cualquier sugerencia que aquí se encuentra. El propósito de esta información es educar al lector y al espectador. El material incluido es sólo para fines informativos y no es un dispositivo médico y, como tal, no está destinado para el diagnóstico, curación, prevención o tratamiento de enfermedades.